El comercio electrónico global: la receta definitiva para el desastre

Durante un almuerzo familiar, vi claramente una muestra de brecha generacional

Durante un almuerzo familiar, vi claramente una muestra de brecha generacional

Durante un almuerzo familiar, vi claramente una muestra de brecha generacional: los niños y los primos se sentaron en la mesa y se comunicaban con su smartphone. Si no me hubiera puesto firme, nadie se habría hablado directamente, sino que simplemente se habrían enviado mensajes de texto y usado aplicaciones entre ellos.

Como siempre, los almuerzos de negocios con clientes tratan todos sobre oportunidades para encontrar nuevos clientes y los nuevos canales de venta para ello. En ese contexto, las posibilidades de actividades de negocios en línea, a través de Internet como un nuevo canal de venta, son cada vez más interesantes. Incluso los distribuidores convencionales y cadenas de tiendas apenas pueden gestionarse sin una segunda línea de actividad en el comercio electrónico.

Por otra parte, el comercio electrónico como motor de crecimiento es realmente útil para muchas empresas como el canal de venta ideal para la llamada Going Global, que es cuando se llega a mostrar el crecimiento y presencia internacional. Sin embargo, lo que a primera vista puede parecer realmente simple, se vuelve en una segunda mirada en un desafío complejo, y no sólo logísticamente. Y lleva, en mi opinión, directamente al desastre.

Así que recomiendo precaución: El “todos a una” sirviendo al proyecto Going Global sería prácticamente no tener en cuenta las diferencias culturales, los respectivos hábitos de compra y pago, y los requisitos legales y fiscales. El entusiasmo inicial debido a los impresionantes índices de crecimiento iniciales esconde con demasiada facilidad los defectos obvios. Al final del día, el cliente sigue siendo el mismo. Él sólo toma su decisión de comprar el producto en el ordenador, en lugar de verlo en el punto de venta, y espera claramente obtener mejores precios. Además los tiempos en que las nuevas empresas podían ganar millones con una “solución de Internet” ya han terminado.

Ya dentro de las fronteras nacionales, los mercados y las lenguas regionales muestran diferencias sustanciales (por ejemplo, Bélgica y España). Simplemente la percepción subjetiva de lo que un producto debe costar, está determinada por muy diversas preferencias culturales. Pero hay algo que no ha cambiado, incluso en los tiempos del comercio electrónico. Los costes relacionados con la adaptación a las circunstancias locales, así como las actualizaciones constantemente necesarias son costosas, consumen mucho tiempo y son inevitables. Inevitable es también, en mi opinión, la selección de las palabras: lo que necesitamos es el comercio electrónico glocal, en base a los requerimientos locales. Como se ha dicho: el cliente sigue siendo el mismo, alguien al que le gustaría ser servido según sus necesidades y deseos locales.

Y en estos casos también, las empresas realmente internacionales ya se han adaptado al comercio electrónico glocal. Por ejemplo, la página principal de Internet de Reebok en la India se ve completamente diferente a la destinada al mercado norteamericano.

En última instancia, todos los negocios siguen siendo glocal: tan global como sea posible y tan local como sea necesario.

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